¿Alguna vez has escuchado la frase: como es el tigre es el tigrillo?
Es una referencia al padre con el hijo, que de la manera que se comporta el padre, así es el hijo; y muchas veces no es el caso, pues con nuestro Padre Celestial no aplica esa frase, pues Él es el Padre por excelencia y la Biblia dice: En Isaías 1:2-5 que Dios hijos crió, los
engrandeció y se rebelaron contra Él. Entonces, aunque los hijos actuaron mal el Padre no es así.
Como hijos de Dios tenemos la responsabilidad de cuidar con amor el nombre que llevamos: «Hijos de Dios» pues como dice la Palabra de Dios, somos cartas que leen con nuestro comportamiento (2 Corintios 3:2-6) y que hay una gran nube de testigos alrededor nuestro (Hebreos 12:1).
Al entender esto vemos por qué Dios se enojó tanto con David cuando cometió el pecado con Bernabé (2 Samuel 11) y se ve reflejado en 2 Samuel 12:14 «Sin embargo, por cuanto con este hecho has dado ocasión de blasfemar a los enemigos del SEÑOR, ciertamente morirá el niño que te ha nacido.«
Y es porque, dio ocasión para que los enemigos de Dios blasfemaran y como dice una versión: “le pierdan el respeto”.
Salmos 91:14 «Porque en mí ha puesto su amor, yo entonces lo libraré; lo exaltaré, porque ha conocido mi nombre.« Cuando habla en este versículo acerca de conocer el nombre, esa palabra se puede traducir como cuidar, nos deja ver que es necesario cuidar el nombre de Dios para poder ser exaltado.
Así que, con amor procuremos cuidar el nombre de nuestro Dios, sabiendo que somos cartas leídas y que debemos dar un buen testimonio de nuestro Padre Celestial y así acercar a Él a quienes nos rodean.